¿La capacitación sigue siendo un gasto?

Actualizado: feb 10



Cuando inicié mi vida profesional, en el ámbito de la capacitación, vivía bajo la ¿falsa? ilusión de estar poniendo mi granito de arena para que la gente aprendiera algo y creciera profesionalmente. Me sentía feliz cuando recibía comentarios positivos de los asistentes a mis cursos y me preocupaba más de la cuenta cuando me hacían críticas o recomendaciones.


Más tarde aprendí que está muy bien buscar la satisfacción y aprendizaje de la gente, pero lo realmente importante era tener siempre al día los formatos que pide la Secretaría del Trabajo. Y poco a poco mi trabajo comenzó a volverse más administrativo y menos formativo, pues estaba sumergida en papeles que todavía piden ser llenados a máquina de escribir. Me sentía frustrada.


Muchos años después de mis pininos como capacitadora, participé en una ponencia sobre el marco legal de la capacitación en México. Y me surgió una reflexión: Cuando hablamos de normatividad, evidentemente debemos cumplir con lo que exige la ley, de eso no cabe la menor duda. Pero cuando el énfasis de la charla es el cumplimiento y no el desempeño, ya no se diga el desarrollo, bienestar o felicidad de los colaboradores, me parece que algo estamos haciendo mal.


Cuando se habla en términos de cómo se debe obligar al empleado a capacitarse, o se insiste en no contratar capacitadores que no estén registrados ante la Secretaría del Trabajo dado que no entregarán constancia (no importa si el asistente a la capacitación aprendió algo y mejoró su desempeño) e incluso se habla de prácticas como cumplir con el listado de cursos y luego ver cómo se da la capacitación, definitivamente estamos perdiendo de vista lo realmente importante.


La capacitación empresarial no debería ser un mero cumplimiento de normas laborales, sino convertirse en un espacio que brinda oportunidades y herramientas para que las personas desarrollen su potencial, mejoren su desempeño e incluso sean más felices en lo que hacen.


El enfoque de la ponencia me desilusionó pues es un claro reflejo de cómo estamos enfrentando desafíos, oportunidades y adversidades a escala macroeconómica, de cuánto nos falta para crear oportunidades reales para ayudar a las personas a identificar su potencial, acercarles el conocimiento que necesitan para mejorar su desempeño, fomentar su interés en el aprendizaje y mejora continua, proveer elementos claves, como el propio desarrollo, que aporten a su salario emocional, brindar espacios que motiven, permitan la colaboración entre equipos de trabajo, mejoren el compromiso y la conexión emocional con la compañía, entre muchos otros beneficios.


Creo que debemos pasar la página y dejar de preguntarnos si la capacitación es un gasto o una inversión, la pregunta debería ser cuántas oportunidades están perdiendo las empresas al no tener gente más productiva, capacitada, motivada y feliz.


Me gustaría conocer opiniones ¿La capacitación en México ha pasado de ser un mero requisito para convertirse en una ventaja competitiva? ¿Qué medidas toman en tu empresa para cumplir con un requerimiento, pero al mismo tiempo asegurar capacitación adecuada y de calidad?

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